El experimento de Griffith comenzó como la búsqueda de una vacuna contra la neumonía, acabando inesperadamente como el principio de transformación en la bacteria neumococo. Este experimento demostró que las bacterias son capaces de transmitir información mediante la transformación (proceso que estudiaremos más adelante).
El experimento consta de dos cepas distintas de la bacteria Streptococcus pneumoniae.
- Cepa R: colonias rugosas cuyo efecto sobre el ratón era nulo.
- Cepa S: colonias lisas cuyo efecto sobre el ratón producía la muerte.
Al introducir la Cepa S, se comprobó por primera vez que el ratón moría al instante, siendo intoxicado por neumonía, mientras que, al inyectar la Cepa R el efecto producido era ninguno. Siguió experimentando y, decidió esterilizar las células S, dando como producto al ser inyectadas, un ratón vivo. Siendo así los resultados, Griffith decidió introducir ambas cepas y comprobar qué efectos surgían. Si las cepas S eran las que producían la lisis, y las cepas R no provocaban ningún efecto, ¿qué pasaría si matamos las S y las R las dejamos vivias? Y así fue como, inyectando ambas cepas en estas condiciones, el ratón murió. ¿La lógica de esto?
Se encontró que, cuando los extractos de las bacterias encapsuladas muertas se agregaban a los cultivos de las bacterias vivas inocuas, podían convertir a estas últimas en el tipo virulento, dotándolas de la capacidad para producir cápsulas. Además, una vez transformadas, podían transmitir esa característica a la progenie. Este fenómeno se conoció como "transformación" y lo que causaba la conversión se llamó "factor transformador".
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